viernes, 30 de marzo de 2018

"No servían más que para arrojar tinieblas en el espíritu en lugar de esclarecerlos" (Caimo, 1776)



Giovanni Tiépolo (1765). Alegoría a las artes y a las guerras en el reinado de Carlos III.


El siguiente reinado, fue el de Carlos III, mayormente conocido como el gran reformista radical. Esta etapa data desde 1750 hasta 1788. El sector educativo ya no lo ocupaban los colegiales y jesuitas ya que se estaban formando desde hacía casi dos décadas los primeros funcionarios dedicados a la educación; por tanto, los de la orden religiosa se vieron expulsados y relegados como grupo de presión política y religiosa. Además, la masonería entra con ímpetu en la  Administración y sobre todo en la inspección de aduanas para regular la entrada y salida de libros. Por otra parte, se practica la autocensura y la Inquisición pierde su poder (se piensa incluso en suprimirla).

Así, el Rey impulsa una situación de reforma total con la intención de suprimir de los colegios a las órdenes religiosas y sus aliados (colegiales) aunque realmente lo único que se les expropió fue su poder para educar. Carlos III se rodearía de manteístas y antiguos estudiantes pobres para inspirarse en los principios de la educación. 


Francisco Bayeu (1777).  Campomanes con toga y golilla. Este será el traje característico de los colegiales formados en Colegios Mayores de las Universidades. Los manteístas (opuestos) procedían de menos recursos aunque con capacidad para sufragar el coste de la universidad (éstos iban con sotana y manteo)


En esta etapa, la máxima autoridad borbónica se verá rodeada de colaboradores como Esquilache, Wall, Olavide y Roda; todos ellos acusados de encarnar el espíritu masón (sustitución de la religión dogmática por la ciencia y el progreso). Otro aspecto es que la censura de libros desaparece y las licencias para escribir se conceden con más facilidad.

Sin embargo, también es el siglo de las grandes reformas pedagógicas caracterizadas por la secularización en todos los sectores y la centralización educativa.  La verdad es que la influencia de hombres ilustrados como Tanucci desde la corte de Nápoles rigieron parte de las ideas de otros ministros como Floridablanca, Campomanes, Jovellanos, Mayans o Pérez Bayer. Todos ellos protagonizan algún aporte a la educación de mitad del setecientos. Así, la Hermandad de San Casiano desaparece y se crea el Colegio Académico de Primeras Letras que pretende hacer extensiva la enseñanza elemental y obligatoria. A su vez, en 1771 se establecen las condiciones exigidas a los maestros para ejercer dicha profesión (pasar un examen de doctrina cristiana, demostrar su pericia en leer, escribir, contar y una prueba de historia de la nación). En 1780 se añade la gramática y la ortografía con textos para la Academia en la que se insertan lecturas como “Introducción y camino de la sabiduría” de Luis Vives. Previamente, en 1768 se ordena que los antiguos colegios de jesuitas fueran sustituidos por escuelas menores y casas de enseñanzas para las niñas. En 1783 existe la primera intención de crear escuelas públicas en Madrid para niños y niñas pobres. No es menos el trabajo y la formación de las Sociedades Económicas de Amigos del País en las que se promovían las escuelas elementales aprovechando los gremios del pasado.

En lo más próximo a lo que actualmente conocemos como Educación Secundaria se crean los Reales estudios de San Isidro sobre las antiguas compañías jesuitas y se reorganiza el Seminario de Nobles. La expulsión de los jesuitas afectó en torno a unas doscientas casas y colegios.


Manuel Camarón (1783). Alegoría a Carlos III. Su entrada en España supone el triunfo sobre un pasado oscuro, la formación de un ejército del progreso, el arrodillamiento del pueblo y la aristocracia hacia su investidura. Se aprecia el tridente, el busto romano y el capitel corintio en el suelo, grandes realidades del arte clásico.

Las medidas reformistas fueron propagadas especialmente por el ministro Floridablanca. De esta forma, en 1768 se ordena en la Real Cédula que se creen seminarios de estudios en los locales de la orden. El Seminario de Nobles de Madrid se reorganiza como un centro modelo y los profesores como tal ganaban su plaza por concurso-oposición.  En cuanto a las materias, se planteó un plan de estudios equilibrado pero con toques modernistas donde las bellas artes se conjugaban con la matemática, física, el derecho natural y de gentes además de los idiomas clásicos como el griego, el hebreo y lenguas modernas.

En la Educación Superior, referida especialmente a la Universidad fue el sector que más se oponía a las reformas por su tradición, poder y autonomía con respecto al estado. Su espíritu medieval chocaba con el ilustrado aunque ilustrados como Mayans y Feijoo propondrán reformas lentas (por ejemplo “El teatro crítico” propone cambias los métodos de enseñanza y contenidos de las Universidades). En 1766 Roda le pide a Mayans llevar a cabo un método de enseñanza para la reforma educativa de las Universidades y éste último redacta un informe junto a Olavide (éste último ya había redactado su plan años antes con satisfacción) que proponía la nacionalización de la Universidad, la separación y primacía sobre el colegio mayor y la formación de dirigentes así como la prohibición de enseñanzas religiosas. El plan, aprobado por Campomanes (ministro de Hacienda) se quedó en el tintero. Lo cierto es que la Universidad cambia su funcionamiento tendiendo hacia la uniformidad y el regalismo (concesión de propiedades o ventajas por amiguismo).  Es en esta reforma se crea también los primeros inspectores de educación conocidos como “censores regios” o “visitadores”. Sin embargo, las ideas propuestas por estos ilustrados tardaron en calar en todas las Universidades. De hecho, las Universidades de  Salamanca y Valladolid fueron las últimas en aceptar la reforma por su carácter ultraconservador.

Así, pues, si consideramos una reforma que se materializó fue la otorgada por el Ministro Roda en 1777, mayormente conocida como “plan Roda” donde se aprueban por primera vez la concesión de becas pero no resultó fructífera ya que éstas eran concedidas a los burgueses por reunir unos requisitos que otros no podían reunir.



Otras instituciones que se crean fue la Biblioteca Pública de San Isidro (1770) de Madrid que albergaría una gran colección de libros nacionales e internacionales; la Academia de Artes de San Carlos en Valencia y las Sociedades Económicas de Amigos del País.

Real Instituto de San Isidro. Fotografía siglo XIX. Ilustraciones de las aulas de instalaciones del antiguo Colegio Imperial y de los Reales Estudios de San Isidro.

Éstas últimas fueron de especial importancia. Creadas por nobles, tenían la intención de agrupar a los hombres interesados en velar por la patria y su honor, publicar obras de utilidad, manuales de artes y de industrias. También, se promovían la pronunciación de discursos y la creación de escuelas (especialmente técnicas) para promover la educación del pueblo. Con estas Sociedades se pretendía vitalizar los gremios y modernizarlos. Realmente eran fundaciones que nacían de la iniciativa privada para organizar departamentos de agricultura, comercio y oficios. Fueron el gran avance de la Edad Moderna en nuestro país porque gracias a ellos se crean las Escuelas populares y se redactan memorias con especial interés educativo. Son el florecer de los actuales ciclos de formación profesional. La medida impulsada por Campomanes tenía el objetivo de suspender los fueros gremiales e incorporar las nuevas técnicas dictadas desde la Enciclopedia así como racionalizar los métodos de aprendizaje.



Detalle del sello de la Sociedad Económica de Amigos del País de Sevilla como el lema "Da luces siempre fiel". El grabado identifica los lemas de honor hacia la patria y hacia las luces del progreso. En el segundo caso se trata de las medallas que se crean una vez implantadas las Sociedades con motivo de distinción de méritos (exposición regional de Valencia, 1883)


A modo de resumen la situación educativa estaba dividida en tres bloques: 

La enseñanza elemental o primaria que es la peor atendida. Anteriormente organizada por las Iglesias, los municipios y padres. La enseñanza era impartida por religiosos, párrocos y sacristanes. Si al municipio carecía de Iglesia se contrataban a maestros ambulantes (en el caso de los ricos eran llamados preceptores). Todos ellos tenían una mala preparación hasta la llegada de maestros (funcionarios) desde  1642.  Los avances que se proponen desde 1768, considerado como el año que comienza la enseñanza laica en España propone la lengua castellana como sustitutiva del latín. Los hijos de los nombres, burgueses y artesanos importantes se educaban en sus casas. Los hijos de pobres o bien no iban a la escuela o se escolarizaban en parroquias. La primera escuela pública con carácter semiestatal que se abre fue en 1780 en Madrid, para niñas. En este campo destaca la orden de los Escolapios que si tuvieron vinculación con el Rey. La práctica escolar era lectura y entonación. También se enseña cálculo, aunque era una educación muy rudimentaria y moralizante a nivel religioso. Los libros de lectura eran doctrinales.

La enseñanza media estaba más desarrollada y mejor organizada aunque se mueve mas por el ámbito privado. El poder público prometía pero no ejecutaba ni invertía realmente. Eran instituciones con apenas entidad propia. Desatacaban las Facultades de Artes y Filosofía, conocidas mayormente como “bachiller en Artes” donde se aprendía gramática, humanidades y latinidad. Se enseñaba la cultura oral (aprendizaje y expresión) más que cultura escrita. Había una intención de adoctrinar más que de educar. Se imponían condiciones de acceso. Se enseñaba a escribir correctamente junto con instrumentos de aprendizaje a través de copia o transposición de textos (silabeo, uso de textos uneiformes).

La enseñanza superior, referida especialmente a la Universidad estaba más organizada y muy influenciada por la tradición y la Iglesia. Su financiación era autónoma porque gozaban de rentas propias. Su poder socio-político, era reforzado por los Colegios Mayores. Era una educación dura donde seguía el método de aprendizaje de memorización y repetición muy criticados por Feijoo. En última instancia están las escuelas patrióticas dedicadas a la educación utilitaria, habilidades manuales y técnicas de cada oficio.

Lo cierto es que los ilustrados tomaron conciencia de todos estos problemas de antaño que no beneficiaban a la práctica educativa moderna, pero realmente no se erradicaron estos problemas hasta la entrada de la Constitución de 1812, ya que no existía poder económico para llevar a cabo la reforma y pagar a tantos maestros y además el interés educativo estaba corrompido por la ideología ilustrada, ya que no querían indirectamente llevar la educación a todos los niveles sociales. Las nuevas escuelas profesionales no tenían buenos instructores, la revolución francesa y el miedo a reformas radicales propiciaron una neutralización de las innovaciones educativas. El intento de unir el trabajo de primeras letras (intelectual) con el de oficios (manual) no tuvo prosperidad.

Bibiografía:

Aguilar, F. (1988). Entre la escuela y la universidad: la enseñanza secundaria en el siglo XVIII. Revista de educación(número extraordinario) del Ministerio de Educación y Ciencia, 225-243.

Domínguez, M. (1990). La educación durante la ilustración española. Revista Norba, 10, 173-186.

Llopis, J. y Carrasco, MV. (1986). Ilustración y Educación en la España del siglo XVIII.  Universidad de Valencia: Valencia.

Varela, J. (1988). La educación ilustrada o cómo fabricar sujetos dóciles. Revista de educación (número extraordinario) del Ministerio de Educación y Ciencia, 245-274.


domingo, 18 de marzo de 2018

Señor, sin Marina no puede ser respetada la Monarquía Española (Marqués de la Ensenada, 1740)





"Para que esta nación no se anime contra España, antes bien procure cultivar la buena correspondencia con ella ", no por ello descartará dicha amenaza y, de ahí, la restructuración fortalecimiento del ejército de tierra, aunque en 1751 reconoce que "proponer a V. M. tenga iguales fuerzas de tierra que las de Francia... sería delirio pues ni la población de España lo permite ni el erario puede suplir tan formidables gastos.... pero proponer que no se aumente el ejército y no se haga una decente marina, sería querer que España continuase subordinada a  Francia por tierra  y a Inglaterra por mar"


Con este discurso, el Marqués de la Ensenada denota los primeros síntomas de necesidad de independencia con respecto al resto de potencias ilustradas. La instrucción en construcción de navíos y formación de marines será fundamental en este primer periodo ilustrado

El Reinado de Felipe V y Fernando VI se enmarca dentro de los denominados borbones reformadores moderados de las ideas del país. Su periodo comprende desde 1700 hasta la llegada al reinado de Carlos III en 1759.

La Hermandad de San Casiano dedicó su vida al culto de San Casiano (patrón de Jesuítas). Su principal campo de intervención fue en la educación.
El periodo de renovación comienza por legislas en la enseñanza primaria sobre los maestros, redactar las Ordenanzas de la Hermandad de San Casiano (“Novísima Recopilación”). En la secundaria se crea el Real Seminario de Nobles de Madrid (1725) encomendado a los jesuitas aunque con una influencia francesa notable. Para la enseñanza superior se crea la Universidad de Cervera (1717) infundandos por el espíritu cervariense y menendepalayismo. También, se regulan las oposiciones a cátedras y se crean nuevas instituciones: Academia Española de la Lengua (1713), de Medicina (1732) y de Historia (1738) así como la Biblioteca Nacional en 1716. Además, desde su interés por la relojería llegó a llamar a Jean-Bernard Bourgeois para establecer una escuela dedicada a dicha profesión, pero tan sólo duró unos años (1740 – 1747).


En 1717 se inaugura definitivamente la Universidad de Cervera, en los libros podía apreciarse por tradición como era la escritura (las primeras iniciales versales del párrafo decoradas) y se imprimía el sello de la importancia a Dios y al Rey.

La universidad de Cervera fue muy solicitada por las personas pudientes que querían que sus hijos recibiesen formación universitaria. Era la primera vez que se formaban "maestros" para ejercer como profesión de forma oficial.

El principal objetivo del primer monarca borbón era ir introduciendo (con miedo) los nuevos aires de pensamiento procedentes de Europa pero manteniendo la confianza de la formación en la Hermandad de San Casiano hasta 1743. Para ello le concede unos privilegios como el de examinar a los aspirantes a la profesión. No obstante, la realidad era que los maestros eran mediocres y el contenido de la enseñanza era reducido a un catecismo de memoria, lectura y escritura mecánica con unas pobres nociones de aritmética y urbanismo, junto con la Historia de la nación. Estos aspectos los recoge Fernández Patino en su libro “Origen de las ciencias” (1753). Más adelante la Provisión de 1771 reglamenta la profesión pero no añade nada nuevo y como indicábamos en la entrada anterior prohibía la coeducación.

Por otra parte, crea en función de sus intereses el Seminario de Nobles que estaría instruido por jesuitas para educar a alumnos descendientes de la Nobleza notoria (de 8 a 15 años). Iban con uniforme militar, de color negro, con banda de carmesí y entre sus obligaciones principales estaban las de aprender latín, hebreo, poética, retórica y filosofía moral. En él también tomaban clases los hijos de los reyes pero de forma individualizada y más intensa.


Ilustración del Real Seminario de Nobles de Madrid, donde acudían hijos de militares, nobles y algunos burgueses. Era el primer seminario donde se impartía ciencia, técnica y religión.
En cuanto al reinado de su primogénito Fernando VI, se  rodeó de unos ministros que aunque fueran conservadores en sus ideas, sin embargo observaban la gran decadencia del País. El Marqués de la Ensenada, ministro político de Guerra, de Hacienda y Marinas junto con José de Carvajal redactan la Representación de 1747 para abolir las rentas provinciales por ahorrar gastos superfluos exclamando sus intenciones:

“Lo que se llamaba alcabala, cientos, millones, jabón, servicio y montazgo, hierbas y otras…, que vulgarmente se comprenden bajo el nombre de millones, se atribuye, con justa razón, la pobreza del reino, despoblación y decadencia de las manufacturas. Esta evidencia a inducido a varios vasallos fieles a demostrar el gran bien que resulta a la Monarquía abolir las mencionadas rentas; y subrogar en su lugar una sola contribución…. La sola contribución, llamada real, catastrato o capitación, tiene por fin que cada vasallo pague a proporción de lo que tiene, siendo fiscal uno de otro para que no se haga injusticia ni gracia”.

El camino que ya avanzaban estos políticos era de vital importancia para el entorno educativo de las familias, de hecho, llegaron a establecer una gran importancia a la producción de navíos. Por tanto, el interés por la educación (sobre todo en la formación profesional y técnica) estaba ya presente. La idea del Marqués de la Ensenada era incorporar un plan de estudios de nuevas cátedras. En este periodo también se funda la Academia de Nobles de Artes de San Fernando (1752) que dicta nuevas normas estéticas y la de Buenas letras de Barcelona (1751) y en Sevilla (1752).


La Academia de Nobles de Artes de San Fernando (Cádiz) supone el primer paso para instaurar la renovación pedagógica y educacional.  A pesar de no avanzar mucho, inspiraría los aires de renovación de la Constitución de 1812.

Lo cierto es que se logran grandes avances. El principal aspecto, que ya conocemos es el de una educación que pasa a manos del Estado, a pesar de mantener los privilegios a la orden jesuita. Ciertamente, tenía su lógica, la falta de profesorado competente y bien formado impedía la existencia de maestros seglares. No obstante la educación universitaria fue reformada a fondo. Se crean nuevas instituciones educativas dedicadas a la educación superior con el nombre de colegios mayores como el Colegio de Minería y sobre todo la creación de nuevas academias científicas.

En realidad, las únicas pretensiones, más allá de incorporar el nuevo pensamiento, era el intento por parte de los monarcas para recuperar la hegemonía comercial y militar de España y por otra parte defender y explorar sobre los recursos coloniales. Por tanto, la educación que se proponía no era del todo para favorecer la formación de los individuos. A pesar de impartirles algo de cultura y formación, las personas con acceso a la educación seguían siendo súbditos de los intereses del Estado y la religión.

Más allá de poner en tela de juicio los intereses de clases, las nubes parecían dejar paso a la luz del sol, de las ideas, a una nueva mentalidad que abría camino con estos monarcas y dejaban el principal peso a su heredero; el reinado de  Carlos III.

Bibliografía:

Aguilar, F. (1988). Entre la escuela y la universidad: la enseñanza secundaria en el siglo XVIII. Revista de educación(número extraordinario) del Ministerio de Educación y Ciencia, 225-243.

Crespo-Francés, J.A. (2014). Blas de Lezo y la defensa heroica de Cartagena de Indias. Capítulo 8 “las reformas de Felipe V”. Editorial Actas: Madrid

Cruces, E. (Coord.). (2006). La documentación catastral en el Archivo Histórico Provincial de Málaga 1850-1989. Málaga: Junta de Andalucía. Conserjería de Cultura, 71-87.

Fernández, J. (1988) Carlos III y la Ciencia Ilustrada. Alianza Editorial: Madrid.

García-Jurado, F. (2014, 17 de enero). Felipe V, el latín y la Real Biblioteca. Recuperado de: https://clasicos.hypotheses.org/599

Gómez J.L. (2002). El catastrado de Ensenada: magna averiguación fiscal para alivio de los vasallos y mejor conocimiento de los reinos: 1749-1756. Universidad de la Rioja, 83-100.

González, N. (2016). Los maestros de primeras letras en la provincia de Madrid a través del Catastro de Ensenada (1749-1756). Historia y Memoria de la Educación, 3, 197-228.

Investigart (2016, 5 de abril). La Real Escuela-Taller y la Real Fábrica de Relojería de Madrid. Recuperado de: https://investigart.wordpress.com/2016/04/05/la-real-escuela-taller-y-la-real-fabrica-de-relojeria-de-madrid/

Llopis, J. y Carrasco, MV. (1986). Ilustración y Educación en la España del siglo XVIII.  Universidad de Valencia: Valencia.

Ochagavía, D. (1962). El Marqués de la Ensenada, defensa. Berceo, 65, 371-382.

domingo, 11 de marzo de 2018

"Solo por medio de la virtud llegarán a alcanzar la felicidad" (Jovellanos, 1801)


"La enseñanza debe inculcar el amor a la patria, el odio a la tiranía, la subordinación a la autoridad legítima, la beneficiencia, el deseo de la paz y orden público y todas las virtudes sociales que forman buenos y generosos ciudadanos, y conducen para la mejora de las costumbres, sin las cuáles ningún estado podrá tener seguridad, ni ser independiente y feliz" (Jovellanos, en Bases para la formación de un plan general de instrucción pública)

Goya (1797). Número 43 de la serie Los caprichos. La sátira artística ya preveía lo que iba a suponer el movimiento ilustrado. Voltaire, también fue capaz de ironizar sobre la ilustración.




En realidad la razón y progreso allegados desde Francia produjeron monstruos para el despotismo ilustrado español. Los proyectos ilustrados españoles se enmarcaron en unos planes de reforma que dejaron al descubierto el sueño de la razón, aunque se concibieron como primeros pasos para la regeneración del país, o al menos, para el cambio de mentalidad. Fue un movimiento proyectado por una minoría ilustrada; eran hombres de administración, de la jurisprudencia, algunos representes del clero, burgueses, nobles, intelectuales y unos pocos militares. Todos ellos estaban unidos por una intención de progreso.

Sin embargo, la sociedad estaba sumida en el Antiguo Régimen. Además, la guerra de Sucesión había dejado grandes penurias económicas que impedían el avance social. Las medidas sociales emprendidas por todos los reyes (Fernando VI, Carlos III y Carlos IV) se basaban en aparentes medidas de recuperación económica y desarrollo cultural que sin embargo carecían de fuerzas administrativas y lo único que propiciaron es una miseria encubierta (oscuridad).

La sociedad, seguía siendo estamental. La nobleza tenía el control de la agricultura, los militares, el poder eclesiástico, en definitiva toda la burocracia estaba en sus manos. Los discursos e informes nunca se llegaron a materializar para que no perdieran sus privilegios. De hecho, para votar todos estas propuestas,sólo tenían acceso a las cortes las personas con privilegio heredado por tradición. Según Berrio (1988) en el año 1797 el número de escuelas en el país era de 8.704 y el de maestros de 8.962. Estos datos indican que el planteamiento no fue fomentar la construcción de escuelas sino que se trataban de un planteamiento económico realizado en plena crisis económica que más que buscar una reforma educativa, indagaba en proponer soluciones a la economía. Así pues los ilustrados buscaron la felicidad de la nación a través de los particulares. Según el planteamiento de Jovellanos (1782) “la provincia más rica será la más feliz porque en la riqueza están todas las ventajas políticas”.

Para ello, Jovellanos incita al pueblo a conseguir la felicidad a través del aumento de la población (procreación), perfeccionar el cultivo y desarrollar la industria e incrementar el comercio (agricultura, artes y oficios) controlado en gran parte por la Sociedad Económica de Amigos del País.

El planteamiento de Floridablanca en 1787 iba por el mismo camino asegurando la necesidad de “estudiantes de ciencias y unos sabios que perfeccionen las técnicas y desarrollen las ciencias”. Es decir, se necesitaba una educación equitativa tanto para científicos como para profesores que debían estar formados previamente en la Universidad. Floridablanca habla en sus decretos de una educación extensible a todos y también a las mujeres, pero esa instrucción tenía límites para todos. La enseñanza primaria (de primeras letras) apenas se la podían permitir el pueblo llano, la superior era para hijos de nobles, dirigentes, burgueses y terratenientes. De esta manera, los hijos de los jornaleros (artesanos y pequeños propietarios) tan sólo tenían acceso a la instrucción profesional (con carácter gremial y rechazada por los nobles) debido a la técnica y esfuerzo. La escuela seguía siendo un medio de aculturación y adoctrinamiento para el pueblo (mass media).

Por todos estos planteamientos denominamos optimismo pedagógico a este movimiento aparentemente renovador de la escuela; a través de la educación (o instrucción pública) se conseguiría la virtud y esta provoca la felicidad utópica. La idea era que ese derecho que garantiza el estado permite la virtud en los individuos, así, una nación en la que impere la virtud será más fácil de gobernar y eso permite la felicidad pública, por esa razón los estudios eran útiles y universales. En realidad no era un proceso homogeneizado sino indefinido.


Goya. (1787). Los pobres de la fuente. La vida de la gente perteneciente a la clase humilde era paupérrima. Las mujeres seguían al cuidado de los niños y muchos de éstos alevines no iban al colegio.


La legislación sobre escuelas más importantes que quedan son de mediados del siglo XVIII:


  • Real Provisión de 3 de octubre 1763: dirigido a los gremios, para que leyeran libros de utilidad y cuidaran la escritura.
  • Real provisión de 5 de octubre de 1767: los jesuitas (Compañía de Jesús) fueron expulsados en 1767 y ellos se ocupaban de la instrucción elemental y primaria. La educación es laica y estatal. Se sustituyen a los jesuitas por maestros y preceptores seculares que opositaban para un puesto.
  • Real cédula de 23 de junio de 1768: concretamente en el artículo 7 se declara que la enseñanza de primeras letras (latín y retórica anteriormente) debía ser sobre la lengua castellana.
  • Real Cédula de 3 de noviembre de 1770: se pretende modernizar la nobleza y que la misma sirva al programa de desarrollo económico del país. Así, todos los oficios serían dignos para cualquier español.
  • Real Provisión del Consejo de Castilla. Disposición del 11 de julio de 1771: se fijan los requisitos y circunstancias que debían reunir los maestros de primeras letras. Se exigía un certificado eclesiástico, un informe sobre su vida, costumbres y limpieza de sangre. El examen para acceder a maestro era sobre el arte de leer, escribir y contar. A las maestras sólo se les exigía el informe de vida, costumbres y el de examen de Doctrina Cristina. Sin embargo, era una ley que prohibía la coeducación.

En 1778 el rey  Carlos III construye diputaciones, especialmente en Madrid y mantiene parroquias con el apoyo de las Escuelas Pías de San Fernando del Avapiés para socorrer a jornaleros , enfermos y niños abandonados. Los hijos de los burgueses y artesanos importantes se educaban en casa con preceptores.

La primera escuela pública se abre en abril de 1780 en Madrid. En 1783 ya había 32 en la gran capital. Pedro Rodríguez de Campomanes, fiscal del Consejo de Castilla introduce en la Real Cédula de 11 de mayo de 1783 cumplir el reglamento para la educación gratuita de las niñas, pero en realidad el estadio no ofreció apoyos y las niñas tuvieron que seguir aprendiendo oficios y no tenían fácil el acceso al aprendizaje de la lectura.

Dos años antes, la Real Cédula de 12 de Julio de 1781 recoge la obligatoriedad de la enseñanza en España entre cinco y doce años de edad y se advierte a los padres del cuidado de sus hijos para que no se conviertan en perezosos. La misión de los maestros debe ser mantener la tranquilidad política.

No debemos olvidar los métodos de renovación pedagógica que no calaron, así como la formación de escuelas patrióticas y formación profesional impulsadas por Campomanes y Nicolás Fernandez de Moratín, dando “soluciones” a las mujeres en la industria (hilar lana o algodón, así como coser) y a los hombres se les enseñaba dibujo, oficio de grabado, talabartería, pedrería, relojería, lienzos. Principios orientados a la iniciación profesional.

Sin embargo, todos estos intentos fueron en vano, en realidad la oferta pública no estaba cubierta, se acudía bastante a las obras de caridad y personas particulares. Además, los padres de los niños de clase baja no tenían tampoco interés en que sus hijos fuesen a las escuelas. Fueron los ilustrados los que se aprovecharon de la minoría para potencia la economía nacional y propagar la difusión científica y cultural. Eran planes específicos de reforma, estaban descontextualizados en un mar de contradicciones internas entre los padres de la ilustración española.


Bibliografía:

Berrio, JR. (1988). La Educación del pueblo español en el proyecto de los ilustrados. Revista de educación (número extraordinario) del Ministerio de Educación y Ciencia, 165-191.

Polt, J. H. R. (2004). Jovellanos y la educación. Alicante: Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Disponible en: http://www.cervantesvirtual.com [Originariamente, este trabajo apareció publicado en (1966) El padre Feijoo y su siglo. Oviedo: Cátedra Feijoo, t. I.].
Varela, J. (1988). La educación ilustrada o cómo fabricar sujetos dóciles y útiles. Revista de educación (número extraordinario) del Ministerio de Educación y Ciencia, 245-274


lunes, 5 de marzo de 2018

"¡Qué alegría sire!" "Ya no hay Pirineos" (Castelldosrius, 1700)


Con ese título se comienza la época de la ilustración en España. Luis XIV acepta la designación de Felipe V de España, más conocido como Felipe de Anjou para mantener la unión entre las dos naciones. Con él, la herencia ilustrada francesa llega a España para establecer el despotismo ilustrado español

Así, en dicho movimiento heredado, los ideales de progreso y los principios pedagógicos de Rousseau son fuente de electricidad para la sociedad española del siglo XVIII. Gracias a los grandes ilustrados, a la enciclopedia y a la redacción de nuevas pedagogías surgen nuevas figuras que alzan su voz tras la Revolución Francesa de 1789. El movimiento ilustrado español, en concreto, en materia de educación, tendrá una gran influencia por progresistas franceses como Condocert, Mirabeau, Talleyrand, Bouquier, Lepelletier o incluso los preceptos del emperador Napoleón.

Las Gracias presiden la educación del Amor (1735). François Boucher. Se trata de los primeros preceptos educativos que reconocen la importancia de la mujer en la educación.


Bouquier ya avanzaba la importancia de crear escuelas para el cultivo de la Tierra. Lakanal, crea la Escuela Normal, donde además de los conocimientos que adquirían, los alumnos debían aprender “el arte de enseñar” (a través de méritos como bolsas y socorros para los mejores), sin embargo hubo que esperar hasta que la Ley Guizot le otorgara prestigio. Talleyrand aporta el “informe de instrucción pública” incluido en la Constitución francesa de 1791  donde se incluía la educación como derecho y deber fundamental de todos los niños. Dicha instrucción prohibía a las instituciones religiosas hacerse cargo de la educación, la gratuidad de la escuela desde los 6 y 8 años y la reunificación de los estudios centrales y superiores junto a la suspensión de las Universidades.

Condorcet concreta la Constitución con su “informe sobre la organización general de la instrucción pública”. En él da importancia a la educación de la mujer, la coeducación y la estratificación de la enseñanza. Separa la educación (familia) de la instrucción (Estado). Da mucha más importancia a las materias científicas sobre las literarias y se preocupa por la formación de maestros. Entre los grados de enseñanza que proponía en primer lugar se refería a la escuela primaria donde se impartirían materias como lectura, escritura, gramática. En la enseñanza primaria superior se estudiaría matemáticas, químicas, moral y comercio. Por otra parte, crea los Institutos o enseñanzas medias de carácter técnico donde se formaban maestros de escuela y funcionarios públicos; después crea la Sociedad de las Ciencias y las Artes con el fin de vigilar, perfeccionar y extender la enseñanza. Tal es la importancia de Talleyrand y Condorcet que dichos informes repercutieron en la política escolar de las cortes de Cádiz.

En el caso de Napoleón, pone en marcha la Universidad Imperial para reestructurar y restaurar la educación en Francia con el objetivo de rehacer la unidad nacional y centralizar la enseñanza. El plan napoleónico supone la habilitación de los grados superiores (más científicos, utilitarios y profesionales), que es el modelo a seguir de casi todos los países europeos y latinos.

Autorretrato del artista (1746). Luis Meléndez. El neoclasicismo vuelve, los alumnos especializados en artes tenían que estudiar la figura humana con precisión, así como sus proporciones anatómicas.


Sin embargo, el intercambio de ideas que existía en toda Europa (Francia, Italia, Inglaterra y Alemania) no integra a España. La situación era muy diferente. Desde antaño se arrastraban problemas desde Carlos II por el miedo a la penetración de las ideas protestantes. Después, Felipe II (1559) prohibía a los españoles estudiar o explicar en universidades extranjeras. Según comentaba Feijóo “nada podía pasar desde los Pirineos hacia adentro”. España fue la misma desde finales de la edad media hasta el siglo XVIII.

Especialmente, las Universidades como la de Cervera (creada por Felipe V) sólo enseñaba sobre tomismo, suarismo y escotismo pero nada sobre Galileo, Newton o Descartes. Era una educación muy especulativa, religiosa y orgullosa. España se resistía al plan de reforma que proponían los franceses.

Hubo que esperar a la llegada de Carlos III para reformar y apostar por una educación para el pueblo. Junto a él, los grandes ilustrados españoles de confianza como Feijoo, Mayans y Jovellanos. El cambio se produce porque los reyes son extranjeros y se vuelven más vulnerables a la modernidad y sobre todo porque en casi toda Europa se impartía el racionalismo ilustrado con sede capital en Francia. Dicha revolución también llega a las academias artísticas donde fachadas como las del Hospicio madrileño, el Trascoro de Toledo o el churriguerismo se impone en el Obradoiro de Santiago de Compostela para instaurar el neoclasicismo. Sin embargo, a pesar de los avances será un siglo polémico, crítico y erudito.

En definitiva, se quería reformar el país sobre bases nuevas que proponía Condorcet. Muestras de la mayor influencia fue el “Informe Quintana” que redacta Manuel José Quintana tras la promulgación de la Constitución de 1812. El informe, de unas 30 páginas trataba sobre la reforma general de la educación española. Ese informe defendía algo muy parecido a los principios que proclamaba Condocert en Rapport et projet de decret sur l´organisation générale de l instruction publique” (1792):

  • Ofrecer a todos los individuos humanos los medios de proveer a sus necesidades, de conseguir su bienestar.

  • Que conozca, defienda sus derechos.

  • Asegurar a cada uno la facilidad de perfeccionar su industria, de capacitarse para las funciones sociales a que tiene derecho ser llamado, para desenvolver toda la extensión de los talentos que ha recibido la Naturaleza y para establecer una igualdad de hecho; hacer real la igualdad reconocida por la ley.

Sin embargo, era imposible llevar a la práctica dichos principios. La ilustración española aplicada a la educación era algo utópico porque continuaba guardando confianza el poder de la Iglesia para transformarla (expulsión de los Jesuítas pero confianza en los Escolapios). La educación para el pueblo, era una educación de reyes y burgueses desde arriba hacia abajo, en función de sus intereses. Los movimientos iniciados en España desde el marqués de la Ensenada, José Patiño y Campillo no fueron suficientes para realizar una educación con garantías al pueblo (a la polis). El movimiento ilustrado vino a ser una reforma cultural sin dañar los privilegios de las clases privilegiadas, donde la sociedad seguía organizada de forma estamental y el pueblo era empleado para solucionar la economía a través de esa “felicidad” aparente que aportaría una educación.


Bibliografía:


Guerrero, E. (1985). Historia de la Educación en España. Tomo I. Del Despotismo Ilustrado a las Cortes de Cádiz. Breviarios de Educación. Ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría General Técnica: Madrid

Llopis, J. y Carrasco, MV. (1986). Ilustración y Educación en la España del siglo XVIII.  Universidad de Valencia: Valencia.

Berrio, JR. (1988). La Educación del pueblo español en el proyecto de los ilustrados. Revista de educación (número extraordinario) del Ministerio de Educación y Ciencia, 165-191.

domingo, 25 de febrero de 2018

"Doce hombres fueron suficientes para propagar el cristianismo, sólo uno es capaz de destruirlo" (Rousseau, 1762)


"Por mas absurda que pueda ser una religión, nunca son los filósofos quienes la destruyen aun cuando enseñen la verdad, se contentan con mostrarla, sin forzar a nadie a reconocerla; tal poder sólo pertenece al Ser Todopoderoso: son los hombres inspirados quienes iluminan al pueblo y los exaltados quienes lo extravían. La religión puede sacar muchas ventajas en la filosofía, no se trata de poner freno a la libertad que permite un Dios, pero si de dar otras opciones para creer en la verdad, que no es una ni absoluta solo se trata de demostrarla, desde los teólogos de la ciencia" 

(Discurso preliminar de la Encilopedia, D´ Alambert).



Con esta frase comienza el discurso preliminar de la Enciclopedia. Se trató del primer libro para los hombres, sus progresos científicos, alejados de todos los principios clásicos y religiosos; era el único libro al que el ser humano tenía que acceder para descubrir su verdadera naturaleza. Con ella, se inicia un periodo en el que grandes intelectuales y personas del saber se reúnen para dar un giro a la historia y emprender un nuevo rumbo que daría paso al movimiento de la Ilustración.

La Ilustración es un movimiento de renovación política, social, pedagógica con unos principios claros: emplear la razón como único método para explicar la naturaleza del ser humano y la del propio mundo. Así, para los grandes pensadores ilustrados la razón era un instrumento dinámico, que daba orden y coherencia al mundo a través de los sentidos. El nuevo movimiento comienza en Francia con las ideas sobre la razón de Descartes, hasta la crítica de la misma razón por Kant. Paralelamente en Inglaterra y Alemania también se viven modernizaciones del pensamiento.

A través de una serie de físicos, matemáticos, empiristas y naturalistas se intentaron explicar las leyes por las que se rigen las sociedades humanas, que no vienen dadas por Dios, si no por el mundo material (lo terrenal, desde los hombres).

Entre los principales autores de la Enciclopedia, destacan Montesquieu que aporta al mundo la idea de que es el hombre quien debe construir la sociedad teniendo en cuenta los errores de su pasado y gracias a esa crítica, podrá llegar a la inteligencia superior, al conocimiento de las leyes. Voltaire, defendía la existencia de Dios, pero al igual que su camarada observó que los hombres debían conocer su historia para saber cómo actuar en su presente.

A su vez, hay que tener en cuenta el empirismo inglés, basado en la experiencia. David Hume, basa su idea en que el ser humano toma sus decisiones desde los sentidos, lo que importan son las impresiones y cómo nos sentimos respecto a una conducta, por esa razón no es posible demostrar la inexistencia de Dios. Hume toma como legado el experimentalismo de Isaac Newton y los principios del empirismo inglés por Hobbes y Locke (el conocimiento se escribe con nuestras experiencias.

Sin embargo, Rousseau determinará los principios de la pedagogía moderna. Fue en contra de sus contemporáneos, asegurando que el hombre debía determinar en conjunto una constitución garante para el pueblo porque confiar en un rey (o presidente) podría ser nocivo. Será el precedente del pensamiento del siglo XIX y de la pedagogía moderna porque atacará al intelectualismo de la época creando los ideales de la nueva democracia. Rousseau defiende sus ideas desde el naturalismo (frente al racionalismo de esta época). En sus obras expone la importancia de la personalidad, el sentimiento; critica la sociedad estructurada y da una gran importancia a la educación cuyos fines son la felicidad y la justicia. Sin embargo, todo este pensamiento, que recogen la esencia de “La república” de Platón  (la sociedad justa, el hombre justo) fueron fundamento de un optimismo pedagógico utópico ya que se vio frustrado en gran medida por la llegada de la Revolución Francesa (1789).

Por tanto, los principales referentes tuvieron su origen con:

-          La razón (racionalismo) de Descartes.
-          La experiencia (experimentalismo) de Locke.

Ambas corrientes proponían el afán de llegar a ideas claras, basadas en la evidencia (razón) o experiencia (empirismo). Dichas corrientes conectaron muy bien con las actualizaciones que hicieron los ilustrados en Francia, Inglaterra y Alemania porque sobre todo se trató de una reforma que iba de arriba-abajo, es decir, desde el poder valiéndose la confianza de los grandes reyes, hasta llegar al pueblo.

Entre las principales reformas que se propusieron:

  • La religión natural o deísmo sustituye a la religión divina en todos los aspectos sociales. Todo lo que no se puede demostrar se suprime y para controlar a la religión aparecerá la Masonería en 1717.


  • Las ideas de liberalismo de los ilustrados franceses e ingleses contribuyen a la creación de un estado basado en la división de poderes, en la soberanía popular en la que la educación juega un papel primordial como instrumento de propaganda.


  • El latín (lengua de la cultura) deja ser el idioma de estudio. Ahora el inglés y el francés se abren hueco.


  • La cultura y la educación deben ser secularizadas (en manos del Estado) y no en manos de la religión.


  • La pedagogía es racionalista. Según esta doctrina, el recto conocimiento de las cosas dará lugar a las buenas costumbres y a la felicidad universal (siguiendo los preceptos de Sócrates).


La ilustración contribuirá a la escuela difundiendo las ciencias útiles; creando academias de nobles, escuelas “reales” sobre todo de artes y oficios. Sin embargo no será hasta la Revolución Francesa donde se crea el concepto moderno de escuela e inauguración de la moderna legislación escolar que servirá como referente para toda Europa y en concreto, para España.

Bibliografía:


Guerrero, E. (1985). Historia de la Educación en España. Tomo I. Del Despotismo Ilustrado a las Cortes de Cádiz. Breviarios de Educación. Ministerio de Educación y Ciencia. Secretaría General Técnica: Madrid


Llopis, J. y Carrasco, M.V. (1986). Ilustración y Educación en la España del siglo XVIII.  Universidad de Valencia: Valencia.